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...A MERCED DE SU VIENTO.




Que duele, que duele dice, el corazón en un desgarro, un mal latido, una obstrucción, la falta de bombeo y muere, recupera su forma, su valor de músculo, la atrofia de la vida y de su amor.

Y se marchó por el camino de baldosas amarillas —ya va para un año—, se llevó toda mi vida, al perrito faldero, al león que siempre temblaba hiciera frío o calor, y al que rodaba continuamente por el suelo como un jaramago por falta de fuerzas, con su vana existencia.

Ella se fue con sus trenzas de niña y me dejó vacío, hueco. Me dediqué a transportar en mi interior, líquidos y algún sólido, de unas granjas a otras, aquí ordeñaba las vacas; allí ayudaba a la granjera con el agua fresca del pozo; más allá había que llevar aceite para los motores o gasóleo para poder poner en funcionamiento a los tractores; abono para que las plantas crecieran fuertes o granos de maíz para las gallinas y sus pollitos.

Conversaba poco con las gentes del lugar, no se puede coger cariño a los desconocidos, ni a mi amiga la conocida herrumbre, ni a los granjeros con aceiteras, ni a las niñas que se marchan con sus zapatitos rojos y nos dejan aquí.

Que duele, me decía ella, y dónde se supone que debía sentir ese dolor, la punzada, la herida y su sangrado.

Aquí, como férreo centinela oxidado girando y girando — "¡Esa lata oxidada no resistirá el viento del tornado!", según la versión del granjero de mi inundado campo de maíz—. Un mar podrido saliva en mi boca entre mis dientes metálicos mellados.

Ella me dejó vacío…
MariCari, la Jardinera fiel.

{¡B U E N A_____S U E R T E!}

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MariCari, la Jardinera fiel.

{¡B U E N A_____S U E R T E!} ♥ ღ ♥