La hormiga recolecta la gota de rocío cerrados los ojos, pues teme ver, a través de ella, la inmensidad en los poros de los pétalos en declive. Se halla en plena faena, absorta en su rastro químico ella siempre tan dispuesta, tan laboriosa, tan herramienta de ese trabajo de simpleza, armonioso conjuntivo. Encuentra su dicha transportando, removiendo y llevando arriba y abajo vigilando la mortalidad de la hoja de seda. Como una ballena negra en miniatura, en el jardín, con gorda cabeza estéril metida en escafandra, bañándose mientras arrastra la gota de agua. Mira orgullosa a su diligente vecindad, quién llevará la gota más amarga, y barcas negras de 6 remos surcan mares de crestas y cráteres de polen inmensos en fragancias. Terrible destino, el de las ballenas negras de jardín. P.D.: "Lo malo no es ser una hormiga, lo es sentirse cómo tal" MariCari, la Jardinera fiel. ...
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