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Dr. Jekyll y Mr. Hyde (a dos manos)




Dr. Jekyll y Mr. Hyde
1ª parte de Dr. Jekyll a su Hyde
.
Verdadero soy, Míster J., inglés
modosito. Señor noble que goza
de la mesa abundante y buena loza,
reparando a los pobres de traspiés
que quizás injirió mi no violencia.
Y mi temple y mi áurea* están blancas
porque tengo las manos siempre francas,
sosegado contemplo a mi conciencia.
Imprudente sería si primero
me doblegan mi suerte las mujeres
pues existen en mí dos medios seres
deglutiendo el brebaje pendenciero.
No es extraño mi caso, es una sal
que me va a producir metamorfosis,
desde el bien hasta el mal busco la dosis
que controle este horror del mundo dual.
(Caridad Jiménez Parralejo)
.
Contestación de Hyde a su Dr. Jekyll
.
Mentira eres, señor, no tan británico,
que babeas comiéndote el puré,
pues tus dientes no están para el titánico
esfuerzo de mascar en el bufé.
Ya no cabe en tu obscuro corazón
la serena inquietud por las pasiones,
que no logran vencer a la razón
pues siegan de raíz tus ilusiones.
Y esa pastilla mágica que eructas
y controla tu aguda esquizofrenia
es empero un retruécano en conductas
más propias de una infecta oligofrenia;
es un desasosiego tan indómito
como improbable; pues, en el preámbulo
del hombre, ya existía el dulce vómito
del vértigo perverso del funámbulo.
(Marcos Circenses)
.
.
*******Cambio de personaje...
.
2ª Parte... Del Jekkyl al Hyde
.
Una pócima tengo ante los ojos,
me libra del acoso del maligno;
me convierte, también, en hombre digno;
y expulsa de mi mente los despojos.
Pero no creas, no la anhelo tanto,
porque el cambio brutal en mis sentidos
duele aún más que el mal de los olvidos;
ya estoy acostumbrándome al espanto.
¿Sonríes, estrambótico especímen?
Pues no lo hagas jamás, porque en tu ira
descuidas, desalmado, la mentira
que te arrastra en el fango tras el himen.
Y yo, aunque ya lo sabes, soy cobarde
pues te puedo matar y no te mato.
moriríamos ambos en el trato,
Y no hay más leña, solo la que arde.
(Marcos Circenses)
.
Del Hyde al Jekkyl
.
No tomo la pastilla que me ciega
el cuerpo y me hace ser lo que bien soy,
tal es mi natural. Lo santo niega
mi indigno ser, por qué no, ¡que sea* hoy!
Créelo, ella será mi compañera
que aplacará la sed de mis instintos
dándome rienda suelta dondequiera
que penetro tranquilos laberintos.
¿Me lloras, pusilánime doctor?
Haces bien, lloriquea como un convicto
con falta de verdad en su vigor,
¡vuelo por el Olimpo del invicto!
Como eres un cobarde desconoces
que en flaquezas resurjo más valiente
solo tú, mi talón de Aquiles, goces,
con salud, mi piedad benevolente.
(Caridad Jimenez Parralejo)
.
Peticiones del juego, al menos 8 antonimos en cada contestación, una Sinéresis y una Hipálage.

MariCari, la Jardinera fiel.

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